miércoles, 3 de agosto de 2011

-¿Quieres casarte conmigo?


Yo esperaba ansiosa mi vaso de leche como cada mañana.
Estoy estirada en la cama arropada hasta el cuello, llega él con el vaso en una mano, en la otra lleva algo que no se descifrar el qué. Su rostro no es el mismo como el de cada día, es distinto, más eufórico, más excitado. Se sienta en una de las cuatro curvas que tiene mi cama de 90 centímetros. Me mira con sus ojos castaños. Deja el vaso de leche al lado de la almohada y me ofrece su mano.
- ¿Quieres casarte conmigo?
Leche . (EstherCarril)

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